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“Homerun” de los valores deportivos

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Sara Tucholsky recibe ayuda de sus rivales para conseguir su homerun. Foto vía www.principalspage.com

En un partido de softball entre las universidades Western Oregon y Central Washington, una chica, Sara Tucholsky consiguió un “homerun”. Golpeó la pelota tan fuerte que la sacó del campo. Era el primer “homerun” de su vida. Pero no sólo eso. Con ese “homerun” su equipo, Western Oregon, ganaba el partido y eliminaba a Central Washington. Era uno de esos momentos especiales que cualquiera habría soñado. Sólo quedaba disfrutar corriendo tranquilamente y pasando por las bases para consolidar los puntos y abrazarse a sus compañeras. Sin embargo, al tocar primera base, Tucholsky se rompió el ligamento de la rodilla y no pudo seguir corriendo. El árbitro dijo que no podía ser ayudada por sus compañeras de equipo o por sus entrenadores porque en tal caso hubiese tenido que eliminarla. Y que si se la hubiesen sustituido, no hubiese sido carrera sino que sólo primera base.

La magia ocurrió justo en aquel momento. Mallory Holtman y Liz Wallace, dos jugadoras del equipo contrario preguntaron al árbitro si esa regla se aplicaba también al equipo contrario. El árbitro contestó que no.  Así que las dos oponentes tomaron en brazos a Tucholsky y la llevaron a tocar las bases que le faltaban para completar la carrera , perdiendo así el partido a favor del equipo Tucholsky. Este gesto fue galardonado como el acto de “fairplay” de 2012 por la ESPN. Cuando la televisión fue a entrevistar al entrenador de Central Washington a su despacho, le preguntó cómo se sintió cuando sus jugadoras entregaban el partido al llevar en brazos a su oponente. El entrenador contestó: “La chica había hecho un “homerun”. Se merecía la carrera. Nosotros sólo hicimos lo correcto. Para esto sirve el deporte. No entendería no haberlo hecho”.

Sara Tucholsky recibe ayuda de sus rivales para conseguir su homerun. Foto vía www.principalspage.com

Sara Tucholsky recibe ayuda de sus rivales para conseguir su homerun. Foto vía www.principalspage.com

Al hablar de liderazgo, de alto rendimiento, de obtener resultados… todas las tendencias se han invertido. Antes se consideraba al líder como aquel que tiraba del carro en el que estaban subidos los demás. El líder era aquel que estaba al frente del ejército y que era el primero en salir con la espada a enfrentarse con el enemigo. El que tomaba decisiones unilateralmente jugándose su puesto. Pero eso ha cambiado. Es más, eso es contraproducente. Hoy en día, el líder no crea seguidores. Hoy en día el líder crea otros líderes.

El líder de hoy en día es el que es capaz de generar el entorno adecuado para que los demás se desarrollen, para que se genere la interacción, para que haya una inteligencia de grupo. El líder moderno hace que el equipo tenga sensación de unidad y de responsabilidad. El que hace que se tengan objetivos compartidos y que se disfrute en el proceso. Y todo este liderazgo se construye sobre una base: el compañerismo. El líder de hoy en día es el mejor compañero, el que quieres tener a tu lado en los momentos malos y en los buenos. El humilde y generoso. El que entiende que la suma de todos es mucho mayor que la suma de uno. Y el que lo pone en práctica.

El entrenador de Central Washington fue un líder. No sólo porque aceptó perder su partido ayudando al oponente. No sólo porque dio una lección de educación a todo el mundo. Sobre todo porque generó un ambiente en su equipo donde unas chicas, por iniciativa propia tomaron en brazos a su oponente para hacerle ganar el partido. Una gran demostración de lo que es el compañerismo. Esta es una historia de compañerismo llevada al extremo. Y en esta historia no podemos obviar el papel del padre del entrenador de Central Washington, quien hace muchos años le inculcó un sentido de deportividad y de compañerismo muy superior a la competición. Gracias a él, hoy podemos contar esta historia que puede inspirar a muchos padres.

A cualquier padre le gustaría que su hijo presenciara una situación como esta, sea como jugador, espectador…eso no importa. Un padre entiende que un mensaje así no se olvida. Un padre estaría orgulloso de que su hija fuera la que gana el partido. Pero un padre también estaría orgulloso de que su hija estuviera en el equipo que perdió el partido. Sin embargo, si hay unos padres especialmente orgullosos seguro son los de las dos chicas que cargaron a la lesionada para, literalmente, llevarla en brazos hacia su victoria,  que a la vez implicaba su propia derrota. Un padre pagaría por que el entrenador de sus hijos tuviera estos principios educativos como referencia.

El tenis es el deporte individual por excelencia donde un jugador puede desarrollar habilidades como el autocontrol, la disciplina, la responsabilidad y la tenacidad. El jugador tiene que avanzar, aguantar la presión y mantener una lucha constante con su mente. Sin embargo y paradójicamente, son muchas las ocasiones donde el compañerismo es la clave. Lo que marca la diferencia, tanto durante el juego y como fuera de él. El compañerismo en el tenis es, por ejemplo, prestar la raqueta a un jugador porque ha roto la suya. El compañerismo es saber ponerse en las “zapatillas del adversario” y ser lo más honesto posible durante el juego. El compañerismo es compartir, es ceder un rato la pista para calentar si otro jugador no tiene. Es generosidad. Es liderazgo. Y eso hace que en el tenis también haya momentos como el de las jugadoras del partido de softball.

No hay que olvidar la relación con el entrenador, los padres, personas que trabajan en el Club donde se entrena, otros jugadores… existe todo un entorno con el que hay que trabajar en equipo. Donde hay que entender que la suma de todos es mucho mayor que la fuerza que pueda tener uno mismo.

Esta historia hace entender para qué sirve el deporte. Sea individual o colectivo, la clave es no perder de vista lo importante : un compañero siempre está antes que una victoria. Este fue el primer y último “homerun” de Sara Tucholsky. Nunca volvió a jugar. Es difícil imaginar lo que debe haber impactado en su vida una experiencia así. A ella y a los que le rodean.

 

  
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El deporte como herramienta de formación

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Deporte y educación. Foto vía www.thriving.childrenshospital.com

En 2010, IESE publicó la lista de los 20 jóvenes emprendedores más influyentes de nuestro país. Del análisis de ese perfil de jóvenes de éxito empresarial, se obtuvieron una serie de características que compartían y que se repetían en sus perfiles. Eran las siguientes:

1.- Pasión

2.- Visión

3.- Capacidad de Aprendizaje

4.- Buscar/Lograr Resultados

5.- Determinación y Coraje

6.- Creatividad e Innovación

7.- Persistencia

8.- Sentido de la Oportunidad

9.- Trabajo en Equipo

10.- Autoestima

11.- Asertividad

12.- Organización

Resulta que todas esas características que son claves para el éxito en el mundo laboral no se enseñan en casi ningún programa escolar ni de instituto, universidad o escuela de negocio. Lo que sí es cierto es que casi todas esas características las trabaja y las entrena cualquier deportista.

Según la disciplina que se practique algunas serán más o menos evidentes, pero está claro que la pasión es clave para jugar a cierto nivel porque si no, no es posible dedicarle tanto esfuerzo y energía a algo que no gusta. Se trabaja la visión para poder mantener el ritmo y la capacidad mental que indica hacia dónde se quiere ir.

El deportista entiende que está en continuo aprendizaje y mejora porque el día que crea que ya no puede mejorar está acabado. El deportista está orientado a resultados ya que no concibe otra cosa que no sea ganar, aunque asume que a veces se pierde, y para eso necesita aplicar toda su determinación y coraje, para sacar lo mejor de si mismo.

La creatividad y la innovación son parte del crecimiento tanto en entrenamientos como en competición. Un buen deportista es también persistente, trabajando día tras día.  Un deportista entiende que tiene que crear situaciones donde haya oportunidades, identificarlas e ir a por ellas. Y esto ocurre cuando  se trabaja en equipo. Incluso en los deportes individuales el deportista necesita trabajar en equipo (familia, entrenador, médico, fisio, preparador físico, mentor, etc.).

Los deportistas desarrollan un sentido de autoestima especial que hace que sientan que se merecen los éxitos y que sepan que son importantes. Esto va unido a la asertividad, a dar el golpe con rabia y con firmeza, y a aceptar retos y aprender a superarlos. A tener esa mirada de “killer” en el momento adecuado, a aceptar retos y superarlos con suficiencia. A volver a por más.

Y para que todo esto tenga sentido, la vida de un deportista necesita de una buena organización, especialmente intensa ya que tanta actividad, tanta exigencia y tanto rendimiento tiene que ser encauzado adecuadamente.

Deporte y educación. Foto vía www.thriving.childrenshospital.com

En ocasiones se habla de deporte pero no de deportividad. Y no se puede entender deporte sin deportividad. El deporte es la actividad física en si, el juego, pero la deportividad engloba el deporte y le añade comportamientos, formación, educación y desarrollo de habilidades. Es lo que marca la diferencia, la razón por la que se reconoce que un deportista está hecho de otra pasta.

A veces, se pierde la perspectiva de para qué se practica un deporte. La competición es traicionera y los resultados en algunos casos provocan que se olvide la razón de ser deportista. Según las estadísticas,  sólo 1 de cada 16.000 deportistas consigue vivir de su deporte, así que es muy posible que los jóvenes no puedan hacer del deporte su profesión, pero si es seguro que gracias a éste pueden adquirir: experiencias, amigos, aprendizaje, valores, formación, cultura deportiva, etc.

El tenis pone en bandeja esta oportunidad para aprender a diferenciarse y a ser mejores, poniendo deporte y deportividad en el mismo lado de la pista. De ahí el valor inmenso del deporte para crear grandes personas. Si los padres, entrenadores y jugadores mantienen el foco en los resultados, el tenis habrá servido para crear a un buen deportista. Sin embargo, si el enfoque es hacia el aprendizaje global y en la deportividad, el tenis habrá servido para mucho más que eso. Habrá servido para poner las bases de un gran profesional, sea la que sea su profesión.

  
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Deporte y estudios. Si quieres, puedes

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Sugoi Uriarte celebra la victoria como representante de la Selección Nacional. Foto vía www.thewangconnection.com

Querer es poder. Esa es la máxima que persigue Sugoi Uriarte, Judoka de referencia en nuestro país, el llamado “hombre de hielo”. Su currículum (deportivo y académico) da vértigo y ha tenido muy claro siempre que una cosa no puede ser sin la otra. Es más, una cosa unida a la otra ha hecho probablemente que sea capaz de llegar donde ha llegado.

Practicó varios deportes desde muy pequeño e incluso llegó a jugar en las categorías inferiores del Alavés hasta que se decidió por el judo porque a pesar de ser un deporte individual “se entrena en equipo”. Cuando fue creciendo su madre y entrenador lo empujaron y apoyaron para que no dejara de compaginar sus estudios con su carrera deportiva. Y así lo hizo. De una forma admirable combinaba su día a día hacia la cita Olímpica de Londres 2012 con sus estudios en Ingeniería Técnica Electrónica y Superior de Organización Industrial. De hecho, el Consejo Superior de Deportes lo distinguió como el Mejor Deportista Universitario en 2009, justo el año en el que se proclama Campeón del Mundo. Que suceda eso no es casualidad.

En el mundo del deporte de alto rendimiento, hay una tendencia a pensar que a partir de cierto nivel hay que elegir entre estudios o deporte. Parece que si uno no se centra en uno de los dos, no podrá alcanzar el máximo nivel en ninguno de ellos. En el tenis específicamente, seguir con los estudios parece que “despista” del objetivo de convertirse en un jugador de primer nivel, pero eso no es exactamente así. Es más, hay casos que demuestran que es todo lo contrario; simplemente hay que ajustarse a la realidad y tener las expectativas adecuadas. Por ejemplo, Sugoi dice que estudiar le ayudaba a no tener tanta presión y a relativizar la competición. Utilizaba su faceta académica para mantener un equilibrio mental que le generaba un beneficio claro en el rendimiento. Para eso tuvo que estudiar algo que le gustaba porque ya era suficientemente duro tener que sacar tiempo para hacer otras cosas como para meterse en una carrera que no le motivara nada. Sugoi no era un estudiante especialmente bueno en el instituto, pero estudiar lo que le gustaba le hizo dedicarse con más “cariño” y aprobar el curso año tras año a la vez que entrenaba.

Como él dice: “Si entrenas 8 horas al día, comes durante 2 horas y duermes 8 horas, aún tienes 6 horas para formarte. Si le dedicas 2 a hacer otras cosas, te quedan 4, que no está mal”. La clave es estudiar lo que te gusta. Y si estás en el instituto y no puedes elegir, la clave es intentar sacarle gusto a lo que te toca estudiar. Igual que en los entrenamientos: puede que no nos guste ir al gimnasio pero sabemos que lo necesitamos para jugar mejor. Y ante eso podemos ir a regañadientes o ir contentos y disfrutarlo. Esa actitud depende de nosotros y sabemos que es la clave para mejorar.

Una de las estrategias que  ha mostrado resultados una y otra vez es que, para que los jóvenes deportistas saquen lo máximo de su deporte, hay que tratarles como si no fueran a conseguir vivir de él. Hay que generar el entorno para que todo el esfuerzo que tengan que poner encima de la mesa lo hagan pensando en ellos mismos y no por terceras personas (incluidos los padres y los entrenadores) ni por ninguna razón extrínseca como dinero, fama o poder.

Sugoi Uriarte celebra la victoria como representante de la Selección Nacional. Foto vía www.thewangconnection.com

Sugoi Uriarte celebra la victoria como representante de la Selección Nacional. Foto vía www.thewangconnection.com

Por eso el papel de padre es tan importante, y así se ha visto en grandes referencias del deporte. Muchos padres se encuentran en la tesitura de tener que elegir entre los estudios y el deporte de sus hijos. Cuando el niño apunta maneras, de repente el corazón se llena de orgullo y muchos padres y madres, con la mejor de las intenciones, entienden que una exigencia académica puede lastrar el desarrollo deportivo de su hijo.

Puede darse el caso de que unos padres tengan en casa a ese deportista único que casi con toda seguridad va a llegar a lo más alto. Uno de esos talentos brutales que no ofrecen ni la más mínima duda. Entonces ¿qué deben hacer? Asegurar que se educa, que estudia y que se forma. Asegurar que saca del tenis todo lo que pueda para ser la mejor persona y el mejor profesional que pueda ser. Si el tenista es capaz de desarrollar todas esta habilidades y aplicarlas a su profesión (en este caso el tenis), lo que es seguro es que le sacará el máximo provecho a su talento y al final habrá conseguido darlo todo. Depende en gran parte del planteamiento de los padres el  poder sacar el máximo provecho de la educación de sus hijos, acabe o no convirtiéndose en profesional del tenis. Es cuestión de que ser capaces de generar el entorno adecuado para que esto pase.

A nadie se le escapa que cuando sucede esto hay a la sombra un entrenador que es capaz de conseguir que un estudiante termine sus estudios, que luche por lo que quiere con valentía, que sea capaz de superarse y que a través del deporte (sea cual sea)  consiga ser un mejor estudiante y, en consecuencia, un mejor profesional. No es casualidad que extraordinarios deportistas sean disciplinados y brillantes estudiantes. De hecho es una consecuencia ya que entrenan, entrenan y entrenan desarrollando su grit, el cual luego pueden aplicar en otros ámbitos de su vida.

Angela Duckworth lo ha estudiado con mucho detenimiento y tiene claro que para cultivar el grit no hay mejor camino que el deporte, ya que éste implica superación, esfuerzo, coraje, valentía, fuerza, trabajo, superación, paciencia, determinación y fuerza de carácter. Y eso es lo que luego se lleva a la vida misma.

El mundo profesional y laboral exige altas dosis de preparación y es ahí donde el deporte, y los entrenadores, juegan un papel fundamental. Supone ser partícipe de un fenómeno sin igual: el de transformar personas para que sean mejores deportistas y mejores estudiantes. Para que logren lo que realmente quieren a través del deporte, en una cancha de baloncesto, en un tatami o en una pista de tenis.

Al terminar la carrera universitaria, Sugoi se ha incorporado a un proyecto de investigación para estudiar el impacto de la biomecánica en los golpes de judo. Está aplicando su conocimiento en mejorar su deporte y probablemente mejorar su propio rendimiento. Pero no hace falta ser ingeniero para ver cómo tener cierto nivel educativo nos puede ayudar.

El mundo del deporte está repleto de magníficos ejemplos como el de Sugoi. El entendió que complementar el deporte y su desarrollo académico era la mejor opción para obtener la mejor versión de sí mismo, a todos los niveles. Que no podía poner su energía sólo en una parte. Entendió que es un arma extraordinariamente potente para desarrollar habilidades y competencias, para potenciar su actitud emprendedora, para mejorar -las tan necesarias- habilidades de comunicación y expresión, aptitudes de liderazgo, habilidades sociales, capacidad de trabajo en equipo, etc. Y por supuesto para experimentar y vivir sensaciones que dejan un gran poso, como por ejemplo la ira y la frustración cuando se pierde. Entendió que su carrera deportiva es parte de su carrera profesional y que, además, todo lo que ha ”entrenado” en una le servirá y mucho para la otra

Sugoi dice que lo que le ha ayudado a conseguir metas deportivas ha estado tanto en el tatami como fuera del él. En el mundo del tenis, lo que ayuda a sacar lo máximo del talento está tanto en la pista como fuera de ella. Educarse no es una opción, si no que es algo imprescindible , tanto en el ámbito académico como en el formativo como persona y cuanto mayor capacidad hay de incorporarlo a la realidad deportiva, mucho mejor irá dentro y fuera de las pistas.

  
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Aprende a superarte

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Esta es la historia de la familia Hoyt. Es la historia de un deportista, pero de uno que no fue profesional. Es la historia de un entrenador que no se dedicaba profesionalmente a entrenar. Es la historia de un padre y un hijo que entendieron bien para qué sirve el deporte.

Dick Hoyt era un padre normal y corriente. Al poco tiempo de nacer su hijo Rick los médicos detectaron algo extraño: tenía una parálisis que, según les dijeron, no le iba a permitir hacer nada por sí mismo. Pero su familia se negó a seguir el camino fácil y eligió el camino de la superación para afrontar la situación. Lo educaron como a sus otros hijos, lo llevaron al colegio, a la playa…una vida normal con una fe ciega en que era posible superar cada obstáculo.

Una carrera popular organizada en la escuela para un alumno paralítico hizo que Rick pidiera a su padre que la corrieran juntos para demostrarle a ese alumno que la vida sigue y que es importante superarse día a día.  Entonces su padre, que no hacía nada de deporte, se puso manos a la obra e hicieron la carrera juntos.

Eso sólo fue el comienzo.  Ahora, Dick con 66 años y Rick con 44, han corrido juntos 60 maratones y 6 ironman, una prueba extrema de fuerza y resistencia, inventando mil maneras y medios para que Rick pueda ser llevado en el agua, en bici o corriendo. Desde esa primera carrera, cada reto que superaban juntos se convertía en un éxito más para ambos y el beneficio en su cuerpo, desarrollo intelectual y emocional era cada vez más visible. Padre e hijo eligieron superarse en vez de rendirse; optaron por esforzarse al máximo formando equipo uno con el otro. Se plantearon la vida de forma diferente.

No hace falta ser Rick para entender que la superación es clave para el crecimiento, pero a veces una historia de este tipo nos hace ver las cosas diferentes. Quizás a veces cuesta dar lo máximo y, frente a una dificultad, uno pueda plantearse abandonar antes que realizar el esfuerzo que supone la superación. Sin embargo,  hay pocas recompensas mejores que la que ofrece la superación, ya que ésta saca la mejor versión de uno mismo.

Es precisamente eso lo que marca a diferencia. Es la capacidad de superación la que hace que un jugador sea mejor tenista. Son esas ganas de repetir, de volver a entrenar, de hacerlo cada día un poco mejor y de trabajar con pasión…lo que permite sacar lo mejor de cada uno. Y esa superación se entrena, tal y como se hace en el Rafa Nadal Tour by Mapfre. Y en este caso la mejora en la superación se basa simplemente en intentarlo cada día, sabiendo dónde están los límites y rebasándolos una y otra vez.

Esta historia sorprende por la profundidad humana que tiene. Es increíble comprobar como  un niño con esas limitaciones puede mejorar tanto con el deporte. Pero, ¿y si se mira desde otra perspectiva? ¿y si se observa desde el punto de vista del entrenador que tiene un gran reto delante y el proyecto de formar a alguien?

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Los “Hoyt”, padre e hijo, en el desarrollo de un ironman. Foto vía www.elconfidencial.com

El padre de Rick realmente ejerció de entrenador de su hijo. A su manera y con muchas dificultades fue capaz de identificar como el deporte era una herramienta que iba mucho más allá de la práctica deportiva. Y así lo hizo, utilizando la preparación y las competiciones como el incentivo que necesitaba su hijo para superarse cada día. Utilizaba lo que más placer le provocaba para sacarle de la zona de confort. El padre, como entrenador, entendió que su función no era proteger a su hijo, sino facilitar que saliera todo el potencial que tenía dentro. El resultado, el ranking, era totalmente irrelevante. Como entrenadores, a veces se puede tener la sensación de tener que “cumplir con el trabajo” porque se exigen resultados de los jugadores. Y eso es así, relativamente.  Hay que tener una orientación al resultado pero no al que se cree. El objetivo como entrenador no es sólo que el jugador gane, sino que sea capaz de sacar lo mejor de si mismo cada vez que entrene, cada vez que compita, cada vez que juegue.

Este es un ejemplo impactante y mediático pero no hace falta ir tan lejos. El tenis es un deporte que requiere una gran exigencia física y mental, muy duro, donde tanto el jugador como la familia necesitan formar equipo para superarse en cada partido, en cada bola, en cada competición, en cada curso académico, en cada logro, en cada objetivo, en cada derrota. Un ironman con tu hijo, una carrera popular, un torneo de tenis… da igual la dimensión, cada familia tiene su propio desafío y requiere de sacrificio, compromiso y superación constante. Acompañar a los hijos al entrenamiento, repartir las responsabilidades familiares, sacrificar tiempo de ocio y descanso, organizar el trabajo para acompañar a los jugadores a las competiciones, los gastos, organizar los deberes en el día a día, los “hoy no tengo ganas de entrenar”…

Puede que el reto común sea compartir más tiempo en familia y que un torneo de tenis sea la razón perfecta para viajar. Puede que el reto común sea alcanzar un nivel de tenis lo suficientemente bueno como para que los jugadores puedan obtener una beca y tener la posibilidad de estudiar en el extranjero, buscando la superación en cada momento y alcanzar así el objetivo propuesto.

En este punto se puede decir que el resultado es la consecuencia del proceso y entrenar la superación es una de las partes claves de proceso. Luego vendrán los resultados, que podrán ser más o menos satisfactorios, pero lo que es seguro es que se habrá cumplido con el objetivo: sacar el mejor jugador, su mejor versión. Entonces el tenis también habrá alcanzado su objetivo, porque no hay que olvidar que los valores se entrenan y el deporte es una fantástica herramienta para hacerlo.

El mayor logro de la familia Hoyt fue que, entrenando cada día la superación a través del deporte, consiguieron que Rick fuera capaz de graduarse en la Universidad de Boston y que ahora viva en su propio apartamento una vida totalmente independiente. Rick es la demostración de cómo los límites están donde nosotros los pongamos.

  
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Confianza, factor clave en el deporte

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No hace mucho tiempo, el considerado como uno de los mejores entrenadores del mundo, Vic Braden, comenzó a darse cuenta de que algo extraño le ocurría cuando presenciaba un partido de tenis. Con su amplia experiencia -primero como jugador y luego como entrenador de muchos jugadores de la ATP-, Braden identificaba e intuía cuando un tenista iba a realizar una doble falta incluso antes de que golpease la bola para realizar el saque. No importaba quien jugase -hombre, mujer o niño-, ni siquiera si veía el partido presencialmente o por televisión. Braden sentía el error en dos segundos. Teniendo en cuenta que un jugador de élite en un torneo puede servir más de 100 veces y cometer una media de 3-4 dobles faltas, podemos decir con seguridad que no es algo precisamente fácil.

Cuando le preguntabas por qué lo sabía, no era capaz de explicarlo. No sabía si era la postura, la actitud ante el golpe, la manera en la que lanza la bola, la fluidez del movimiento…El caso es que lo sabía.  A veces se ponía a pensar en ello y no era capaz de identificar qué es lo que le hacía predecirlo y su conclusión era que la respuesta estaba en su inconsciente. Aunque no entendía la procedencia, siempre acertaba. Simplemente lo sabía en un parpadeo de ojos.

¿Cuestión de suerte? No. Si se trata de suerte aciertas una vez, varias como mucho. Lo de Vic Braden era otra cosa. Era intuición. Entrenada inconscientemente a base de observar, comprender, analizar, estudiar y preparar durante décadas a muchos jugadores de élite. No es sorpresa, ni casualidad, ni suerte que fuese capaz de leer de una manera tan extraordinaria el acierto o el error en el saque justo en el momento más delicado.

La parte consciente del cerebro es capaz de gestionar 40 órdenes por segundo. Sin embargo, la parte inconsciente puede gestionar 11 millones de órdenes por segundo. Lo que le pasaba a Braden es que su cerebro trabajaba en la zona inconsciente -que funciona mucho más rápido que la consciente- y por eso era capaz de procesar una gran cantidad de datos que percibía en la ejecución del segundo servicio. Así, era capaz de predecir el resultado. Esa “intuición” es la racionalidad del inconsciente y solamente funciona con solvencia en aquellos aspectos en los que hemos alimentado correctamente el cerebro con información, con experiencias y con conocimiento. Es como un ordenador que va a toda velocidad, pero si no le damos los datos y la  información correcta, no vale para nada.

La experiencia y el conocimiento obtenido día tras día configura y reconfigura nuestro cerebro constantemente. Todo suma aunque no seamos conscientes de ello. La respuesta intuitiva resulta de unir, coser y enlazar de manera inconsciente toda la información que ha sido guardada poco a poco. Eso que nos dice “qué hacer” pero no “por qué hacerlo”. Eso que no entendemos bien ni cómo ni de dónde nace, simplemente sabemos que es la mejor opción. El hecho de no saber de dónde viene a veces nos hace dudar de la posible eficacia de nuestra decisión, pero nada más lejos de la realidad. Todo el enjambre que hay bajo ese pálpito hace que sea difícil que cometas un error cuando no hay tiempo para pensar. A veces, la mejor decisión no se toma cuando le dedicamos más tiempo y esfuerzo, sino que es más bien cuestión de saber reconocer sutilmente otras señales.

El tenis es un deporte que va tan rápido que el cerebro trabaja mucho en su zona inconsciente porque a la parte racional no le da tiempo a reaccionar. Por eso sientes que a veces el juego fluye y a veces no, reaccionas ante el golpe del adversario antes de que lo ejecute, interpretas movimientos previos que hacen que ya intuyas lo que va a hacer,  o empiezas a moverte sin saber exactamente lo que estás haciendo. Eso es el inconsciente a pleno rendimiento. En el momento que se entiende esto y se empieza a jugar utilizando la parte inconsciente, entra en escena un aspecto clave: la confianza. La confianza en la capacidad, la confianza en el entrenamiento previo, la confianza en las rutinas, en el talento, en el cuerpo, la confianza en el equipo, en la preparación física y mental. La confianza en que eres capaz de hacer las cosas bien porque ya lo has hecho antes.

Como entrenador, supone ayudar a interpretar. Enseñar a tus jugadores a tomar ese atajo y a confiar plenamente en uno mismo puede marcar la diferencia. Cuanto más y mejor entrenamiento le ofreces a tu jugador, más información tendrá guardada en su archivo personal e intransferible. No se suelen tener buenas sensaciones e intuiciones de aspectos que no dominamos. Esta unión súper rápida de información mejora mucho con el entrenamiento bien hecho y con sentido, provocando una mayor experiencia intuitiva. La mente será más rápida decidiendo y dejándose guiar sin demasiado esfuerzo, reforzando la confianza.

El inconsciente guarda todas esas horas de práctica que los jugadores han realizado; movimientos automatizados e integrados profundamente de una forma extraordinaria en el cerebro que hacen que en el momento adecuado el jugador pueda decidir correctamente en un parpadeo de ojos. Cuando, en lugar de dejar el golpe, el drive, el movimiento…en manos de la intuición, se opta por decidir por detalles y por análisis técnico, se abre la puerta del error. Confiar en la intuición puede reducir esas posibilidades y ser un buen aliado para tus jugadores. Decidir en un parpadeo lleva tiempo, práctica y paciencia, pero no deja lugar a dudas su buen nivel de eficacia.

A veces, como padres os enfrentáis a situaciones complicadas donde tenéis que tomar decisiones por vuestros hijos que sabéis que van a tener un impacto en mayor o menor medida. A veces no se entiende porqué, pero se siente que alguna decisión no es quizá la más apropiada y aún así hay que tomarla ya que es lo que todo el mundo hace o es “lo que toca”.

Un entrenador mental de jugadores de tenis y de golf tenía una frase que decía que, para rendir al máximo nivel en el deporte, “tiene que importarte lo suficiente como para no importarte”. Lo que quería decir con esto es que, en los momentos difíciles, la clave es quitarle la importancia para no pensarlo demasiado y dejar fluir el inconsciente con sus conclusiones y su capacidad.

Como padres se os recomienda que os informéis y forméis sobre la carrera de vuestros hijos y sobre las alternativas, así como sobre lo que están viviendo, sobre lo que van a vivir, sobre sus posibilidades y sobre las herramientas disponibles. Una vez se dispone  de toda esa información en el cerebro, lo que queda es: la confianza. La confianza en vuestro criterio, la confianza en vuestras sensaciones, la confianza en vuestra intuición. Porque esa es la manera que tiene la parte inconsciente del cerebro de transmitir sus conclusiones. Recuérdalo: la parte inconsciente es la más poderosa.

Hay muchos elementos que pueden marcar la diferencia en el juego, pero la confianza en la intuición es uno de los más importantes en cuanto a rendimiento. La confianza no es un tema de azar o de probabilidades cuando se trata de una intuición en aquellas cosas que se saben hacer bien, en aquellas cosas que se conocen y que se han trabajado. La intuición es realmente la parte inconsciente del cerebro y  que envía mensajes y da sus conclusiones. Cuando esto ocurre…hay que confiar, dejar fluir y disfrutar.

  
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Saber Ganar, Saber Perder

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Rafael  Nadal consoles Roger Federer.

Son innumerables las historias que nos encontramos cada día en el deporte que nos sirven de inspiración para los demás. Historias cargadas de esfuerzo y superación, de sentido de proyecto, de estilo de vida y determinación. Uno de estos inolvidables momentos sucedió en el mundo del tenis el 1 de Febrero del 2009 cuando Rafa Nadal consiguió ser el primer español en ganar el Open de Australia, después de un partido de más de 4 horas de duración. Fue algo extraordinario y lo vivimos con pasión y con emoción.

Sin embargo, de ese día muchos recordamos no solo el aspecto deportivo. En esa final, en la entrega de premios, ocurrió algo que no se suele ver; Federer no pudo contener las emociones, que brotaron con lágrimas sin poder ser controladas.

En ese momento Rafa  Nadal le dijo lo siguiente:

“Lo siento por lo de hoy, pero eres un gran campeón, uno de los mejores de la historia, vas a llegar a los 14 Grand Slams  y mejorar esa marca. Me encanta jugar contra ti y te deseo lo mejor para el resto de temporada”.

¿Cómo se os queda el cuerpo después de leer estas palabras?

En estas ocasiones, cuando ya no hay una raqueta por medio, cuando el partido ha acabado, cuando no se está compitiendo, lo único que queda es lo que somos. Estos momentos son los que se llaman “de verdad”. Y eso es la base con la que una persona construye su carrera profesional y personal, tanto si es en el ámbito del tenis como si no.

Una reacción como la que acabamos de contaros no ocurre de la noche a la mañana. Una reacción así es la consecuencia de una educación y de la aplicación de unos principios y unos valores que han hecho que el tenis se entienda de una manera diferente desde bien joven. Una reacción así es la consecuencia de un convencimiento de que el tenis hay que jugarlo como si fuera lo más importante, pero al final hay que darse cuenta de que no lo es. Tener esta visión es la razón más poderosa por la que tiene sentido una competición como el Rafa Nadal Tour by Mapfre.

Para que esto suceda no hay pócimas mágicas ni fórmulas secretas, solo hay trabajo bien hecho. Y en esta historia, igual que en muchas otras, es fundamental el papel de los entrenadores y el equipo técnico; la guía que hace romper las barreras psicológicas y pone en orden los valores más esenciales. Limites que a veces crecen sin control, que minan la confianza y hacen perder partidos, precipitándose a salir vencidos incluso antes de que la competición se lleve a cabo. En este caso, la superación de una mente incansable unida a la humildad nos demostró que la competición es importante, pero que la educación y los valores están por encima de todo.

Nada es casual. Todo se entrena. Vosotros sabéis bien lo que estamos diciendo y la dificultad que supone buscar esa combinación entre analizar todo al detalle, pasar horas y horas visualizando técnicas o estrategias para mejorar y el trabajo en pista. Siempre observando, probando, experimentando, pensando y evaluando hasta llegar a una visión integradora y global que saque lo mejor de un jugador a todos los niveles, como deportista y como persona. Preparar la mente de un campeón de esa manera es una labor de artesanía por vuestra parte. Convencerle de que puede llegar ahí donde desee si pone dedicación, esfuerzo, ilusión y sacrificio. Teniendo en cuenta que el resultado es importante, pero no determinante, y que por encima de todo queden los valores de verdad de la persona.

Esos resultados no serían posibles si los entrenadores no fueseis “maestros de la mente”, del trato de personas, de la gestión de sentimientos, de deportistas deseosos, de cuerpos trabajados y de mentes sin barreras. La mente de un campeón como la de un principiante está siempre abierta a seguir aprendiendo bajo la tutela de un buen guía, de ahí el reto que los entrenadores tenéis para seguir cultivándola. Tarea difícil pero que provoca historias tan auténticas como la de Nadal y Federer.

Nunca se puede saber si tus hijos terminarán siendo tenistas profesionales. Pero eso es irrelevante. La manera de educarlos debe ser la misma tanto si lo van a ser como si no. Cada entrenamiento, cada torneo y cada competición son una oportunidad para ver cómo se esta haciendo, hacer los ajustes correspondientes y seguir construyendo esa persona que queréis ver en el futuro. Que ganen o pierdan no depende de vosotros. Sin embargo, que vayan creciendo en la línea adecuada es una oportunidad que no se puede desaprovechar, porque es algo que no pasa como decíamos “de la noche a la mañana”.

A continuación os dejamos el vídeo de ese momento para entender aún mejor la verdadera historia de estos dos campeones.

Si teneis alguna duda estaremos encantados de responderos en esta dirección: valores@rafanadaltour.com

  
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VALORES EN BARCELONA

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“Yo me he apuntado al torneo de Valores” fue la frase del torneo. Lo pudimos escuchar en varias ocasiones, todos vosotros preguntando en qué iban a consistir este año las dinámicas y cómo iba a puntuar para el Ranking de Valores. También preguntaban algunos padres y entrenadores.

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Entrenadores y el Rafa Nadal Tour by Mapfre

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En esta edición, el Equipo de Valores ha decidido tomar una actitud más pro-activa también a través de nuestra página web con respecto a la figura del entrenador. Entendemos que es el elemento clave para el proceso de crecimiento deportivo, personal e intelectual de los jugadores.

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Padres, os necesitamos

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Padres de los protagonistas. En esta edición del Rafa Nadal Tour by Mapfre teneis vuestro propio espacio. Y va a ser aquí en nuestro blog donde os proponemos tener una cita cada semana para intentar apoyaros en esta tarea que os ha tocado asumir y que a veces no es tan sencilla. Leer más ›

  
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¡ Valores… Preparados, Listos, Ya !

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Ya está aqui el Rafa Nadal Tour by Mapfre.  Hace muy pocos días que cerramos el 2014 y el tour de 2015 ¡ya esta en marcha! Con toda la energía renovada y con ganas de afrontar todas las etapas que llevan hasta Mallorca.  Leer más ›

  
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